Ya sé que a mucha gente este dato le parecerá uno de esos tantos numeritos que cada día pasan por los periódicos y los telediarios, que mucha gente ya terminó de pagar su casa, o la heredó, o recurrió al alquiler, pero para los que estamos metidos hasta el cuello en esa forma de esclavitud moderna que se ha venido a llamar hipoteca, este día del señor (4 de marzo de 2009) es importante, al menos en lo que a nuestros bolsillos y sus espectativas se refiere. Leer más…
“Cómo te la describiría yo… va siempre pintada como una puerta, parlotea mucho, y cada vez que abre la boca te deja más claro que de cultura tiene más bien poco. Vamos, la típica andaluza”. De este triste modo trataba un amigo de describirme a una persona con la que tendría que encontrarme en poco tiempo. Necesitó unos segundos de silencio gélido para reaccionar: “Ah, perdona, que tu eres andaluz. Yo no digo que todos los andaluces sean así, digo que la tía esta es… la andaluza típica… ya sabes… cateta y hortera… pero no que todos seais así… Hay de todo, como en todas partes”. Y uno intenta no enfadarse, porque a fin de cuentas estas cosas suelen decirse sin pensar y sin mala intención. Leer más…
Alguien tenía que decirlo, ¿no? Aunque la verdad es que son cada vez más voces las que en nuestro país piden que nos replanteemos colectivamente la moratoria nuclear aprobada por Felipe González en los años 80. Hasta la del propio Felipe González.
Los Testigos de Jeová siempre me han parecido gente interesante. No porque esté de acuerdo en sus planteamientos, que no lo estoy, sino porque nos dan la oportunidad de ver con cierta distancia cultural nuestras propias mentiras. Me explico. Ojear la revista Atalaya (que es la que los Testigos de Jeová reparten en sus visitas) es siempre provechoso. Están llenas de ilustraciones destinadas a marcar bien la frontera entre dos mundos, el nuestro y el suyo, el del mal y el del bien. En la página par, una estampa casi bíblica: dos niños toman el sol en una pradera rodeados de flores y animales bonachones: mariposas, pájaros. Leones. Sí, leones. Leer más…
Sí, es una vergüenza. El precio del barril de petróleo se desploma pero no hay manera de ver esa caída repercutida proporcionalmente en el precio de la gasolina o el diésel. Que si baja la gasolina pero sube el dólar, y la gasolina se paga en dólares, que si hay un tornado, que si faltan refinadoras, que si el petróleo si acaba y llegará el fin del mundo… Al ciudadano le queda poca defensa, más allá de intentar buscar en la zona donde vive la gasolinera más barata. Con ese fin el Ministerio de Industria creó hace tiempo una página en la que podremos ver en un mapa el precio de la gasolina en todas las estaciones de servicio de nuestra zona. Podéis entrar en la página pulsando aquí.
No es que sea una solución maravillosa, pero algo es algo… así al menos podremos incentivar un poco la competencia entre gasolineras buscando la más económica…
Hace algún tiempo se decía que podías preguntar a cualquier persona qué estaba haciendo cuando se enteró del asesinato de Kennedy, que lo recordaría con exactitud. Pero eso fue hace mucho. En mi generación, y en las cercanas a la mía, esa sensación de sentir el peso de la historia caer como una maza en un instante se produjo el 11 de septiembre de 2001. Yo llegaba de comprar pan para la comida cuando en la tele pusieron las primeras imágenes. Nadie sabía lo que pasaba; en la Ser un corresponsal que se pasaba de listo decía que eso era una avioneta privada que se habia chocado por el viento, o algo así, y que era absurda la importancia que se le estaba dando. Más tarde, mientras la primera torre caía, todos comprendíamos que ese era uno de esos raros acontecimientos capaces de cambiar el curso de la humanidad. Esa misma sensación la estoy viviendo estos días con el inmenso crash financiero internacional que estamos presenciando. Leer más…
Ni el nuevo impuesto de matriculación, ni el recientemente aprobado Plan VIVE, nada ha conseguido que los fabricantes de coches y las asociaciones de concesionarios hayan dejado de pedir con urgencia la vuelta del Plan Prever, que era un incentivo económico de unos 480 euros para aquellos que renovasen su coche, mandando éste al desguace, siempre y cuando tuviese más de siete años de antigüedad. La idea no era mala, pues ayudaba a renovar un parque automovilístico excesivamente envejecido, con las perniciosas consecuencias que esto tiene para la seguridad y las emisiones contaminantes, pero era mejorable:
La situación económica mundial es delicada; el alza del precio del petróleo y la crisis crediticia hacen que productos tan vulnerables a una crisis como esta como los automóviles no se vendan (se ven doblemente afectados, pues habitualmente se piden creditos para poder comprarlos y necesitan derivados del petróleo para funcionar) y arrastren a las grandes corporaciones que los fabrican contra las cuerdas. ¿No? Pues no.
Estamos en las fechas en las que, más o menos, las empresas hacen públicos sus balances del primer semestre. Si ojeamos la prensa Leer más…
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