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Una semana a bordo del Grand Mistral. De Venecia a Atenas. (I). Generalidades

Viernes, 18 de Septiembre de 2009 Dejar un comentario Ir a comentarios

Hasta hace pocos meses, cuando pensaba en un crucero lo único que me venía a la cabeza era la musiquilla esa Vacaciones en el mar, Sam, el camarero negro del bigote y la típica pareja de recién casados que en todos los episodios se peleaba para después, gracias a los siempre sabios consejos del capitán Stubin, reconciliarse. No era mi idea de unas vacaciones. Pero es lo que tiene casarse, que el “yo quiero…” se convierte inmediatamente en un “bueno, venga, hacemos lo que tú dices”, eso que los expertos llaman “diálogo” y que el resto de los mortales sabemos que significa que ya ni los calzoncillos te los compras del color que tú prefieres.

No, a mí nunca se me hubiese ocurrido irme de viaje de novios a un crucero. Y sin embargo ahora, una vez pasada la experiencia, no se me ocurre una opción mejor, así que la intención de esta serie de posts es compartir con vosotros el interesantísimo viaje que vivimos por el Adriático y el Egeo a bordo del Grand Mistral del 4 al 11 de mayo de 2009, para tratar de disolver los prejuicios que hacia este tipo de viajes podáis tener y, sobre todo, como referencia para aquellos que vayan a hacer la misma ruta; siempre es útil saber de antemano lo que te vas a encontrar. Trataré de escribir lo que a mí me hubiese gustado leer antes de empezar mi viaje. Hablaremos de la vida en el barco, las normas, los precios y, sobre todo, de los puertos que visitamos, y de qué hacer en ellos sin tener que recurrir a las siempre carísimas excursiones que organiza la naviera.

Porque la principal ventaja de un crucero es que es una forma muy barata de viajar si sabes organizarte bien, te medio defiendes en inglés y le echas un poco de valor. A nosotros nos salió por algo menos de 1.000 euros por cabeza. Pero hay que tener en cuenta que el precio incluye el billete de avión de Madrid a Venecia, la estancia en el barco, la participación en las actividades que organiza la compañía para entretenerte, la comida (también incluida en el precio, en cantidades libres y calidad bastante aceptable), y el billete de avión de vuelta de Atenas a Madrid. También consideramos la opción de ir a Nueva York, o de optar a un combinado Nueva York-Riviera Maya, por aquello de la debilidad del dólar, y salía muchísimo más caro, y más caro aún si tenemos en cuenta que los 1.500 euros que nos querían cobrar por cabeza por ir a Nueva York incluían sólo el avión y el hotel. Luego, para comer te buscas la vida, y lo pagas, y si quieres ver más ciudades de los alrededores los transportes corren de tu cuenta. Viena, la otra opción que nos planteamos, nos salía tan cara como el crucero, o algo más,  pero sólo veías una ciudad. Sin embargo, el crucero te da la oportunidad de visitar seis o siete puertos, cada uno con su encanto y peculiaridades. No llegas a conocer ninguno a fondo, pero de todos puedes sacar unas pinceladas que te ayudarán a decidir si quieres volver o no a conocerlos en profundidad. En nuestro caso las escalas fueron Venecia, Dubrovnik, Corfú, Mykonos, Santorini, Heraklión, Rodas y Atenas.  A cada puerto dedicaré un post monográfico.

Imagináos lo que podría costar este viaje sin barco. Los aviones, los hoteles en cada una de las ciudades, los desplazamientos entre cada uno de los puertos, las comidas. Te costaría el triple o el cuádruple. ¿Cómo es posible que el crucero valga tan poco? La clave está en las excursiones. Cuando compras tu billete piensas que con esos 800, 1000 ó 1200 euros ya tienes todo pagado. Pero no es verdad. Cuando llegas al barco ves que te intentan vender las excursiones a realizar en cada uno de los puertos a unos 60 euros por cabeza. Puesto que casi nadie viaja solo, son 120 euros por pareja y día. Multiplicado por 8 puertos son 1.000 euros más. Ahora sí salen las cuentas. Mi impresión es que con los billetes cubren gastos, pero que los beneficios los sacan de las excursiones. De ahí la presión constante a la que te someten, desde antes de llegar al barco, para que contrates tantas como puedas.

Sinceramente, mi primera impresión de este viaje no fue nada buena. Nada más bajarnos del avión en Venecia, nos montaron en un autobús que nos llevaría al puerto en el que estaba atracado el barco. Todo el desplazamiento lo dedicaron a convencernos de que firmásemos inmediatamente el papelito de las excursiones, contratándolas todas ya, que luego es un lío, luego hay muchas colas, igual las excursiones se llenan y te quedas sin ver nada, qué vas a hacer tú sólo en Santorini, no vas a poder ver nada, cómo te vas a entender con la gente, firma, firma ya, que no se te olvide firmar, todos firman, ¿vas a ser el único que no lo hace? ¿Ya has firmado?

Y si firmas ya no hay vuelta atrás, te han cobrado un paquete de ocho excursiones que no valen ni de lejos lo que te cobran por ellas. Marketing a la americana, puro y duro. Y lo que más me desagradó no fue la insistencia en firmar, sino la cara de desesperación de los trabajadores cuando les decían que bueno, que ya lo pensarías, que ya firmarías después. No me quedó ni la más mínima duda de que estaban bajo una gran presión, cosa que también notas cuando te están intentando vender paquetes de bebidas.

En este crucero, que es de Iberocruceros, el precio incluye las comidas, pero no las bebidas. Otras compañía no incluyen ni lo uno ni lo otro, y otras, como Pullmantur, incluyen comidas y bebidas sin límite de cantidad. Lógicamente, el precio varía entre una modalidad y otra. Nosotros escogimos Iberocruceros porque llegamos a la conclusión de que el sobrecoste de 400 euros que suponía Pullmantur en la misma ruta era demasiado; no teníamos previsto beber tanto. Quizá te compense si tenéis la intención de ir por la noche a la discoteca del barco a tomar cuatro o cinco copas diarias cada uno, pero no era nuestro caso. Nuestra idea era pasarnos el día pateándonos ciudades, y las noches durmiendo como benditos.

El precio de las bebidas no es ni caro ni barato, similar a lo que puede ser el precio de cualquier bar español. Sin embargo, si quieres ahorrar un poco venden unos packs de bebidas que son bastante interesantes. Nosotros compramos uno que nos daba derecho a dos cervezas o refrescos por cabeza en la comida y otras dos en la cena. También tenían packs de 10 cócteles. Creo recordar que cada cóctel costaba cuatro o cinco euros, según de lo que fuese, y con el pack te salían a 3 euros. Con nuestro paquete de bebidas con las comidas y un talonario de cócteles tuvimos más que de sobra.

En cuanto a la comida, ninguna pega, si no eres demasiado delicado. Para desayunar puedes escoger entre ir a un restaurante, donde te sirven en la mesa, o ir a un buffet libre, igual que a la hora de la comida. Para cenar no hay bufette y tienes que ir al restaurante que te hayan asignado (hay dos, de distintas categorías y calidades, según la clase del billete que hayas comprado). Fuera de horas puedes ir a una pizzería, que está abierta casi siempre, o a una freiduría, ambas situadas en cubierta. Lo normal es volver del crucero con algunos kilos de más.

El restaurante no es a la carta, sino algo así como un menú del día. Te dan a escoger entre varios primeros, varios segundos y varios postres. Ninguno muy allá, ninguno malo. Cuando llegas al barco, te encuentras en la puerta del camarote una tarjetita que te dice cuál es tu mesa en el restaurante para cenar, y tu turno (hay dos). Siempre tendrás que sentarte en esa mesa  y siempre con la misma gente, lo que ayuda a conocerse un poco mejor y a, poco a poco, ir rompiendo el hielo.

En el próximo post tratará sobre las actividades dentro del barco.

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  1. Viernes, 18 de Septiembre de 2009 a las 11:48 | #1