Un tetris a escala humana

¿Por qué no? ¿Por qué no utilizar nuestro tiempo en recrear un juego tan bueno como el Tetris, haciendo que los cuadraditos de colores sean sustituidos por personas?

No sé muy bien cómo explicar este vídeo… ¡hay que verlo!

Este vídeo es parte del Proyecto Game Over, al que llegué de la mano de Microsiervos. Utilizando esta misma técnica han recreados juegos como el Pac-Man o el Space Invadres.

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Tron Legacy ya está aquí

Tron (1982) no es, ni de lejos, una obra maestra del cine, pero sí supone un hito significativo en el nacimiento de una estética y forma de ver el mundo que integraba lo digital en la realidad. Un puñado de bits no eran una nota al margen de la vida, sino parte constitutiva del mundo. Los ordenadores llegaban para quedarse, y esta película, junto con otras, como Juegos de Guerra, se convertían en la bandera de un puñado de preadolescentes que se sentían parte de un nuevo mundo que veían nacer.

Eran mediados de los ochenta, y entre brakers y hombreras había también un grupo de chavales que hacían de la informática personal una afición que iba bastante más lejos que el intercambio de videojuegos que más adelante se haría con el protagonismo en el sector informático lúdico. Era cuando ahorrábamos para comprarnos libros de código fuente, para teclear programas en BASIC en nuestro Amstrad o Spectrum, cuando nos dábamos cabezazos en hexadecimal con los cargadores de código máquina, cuando competíamos escribiendo nuestro programitas de medio pelo, hacíamos nuestros primeros gráficos o nos volvíamos locos, destornillador de precisión en mano, con el dichoso tornillito de estrella del cabezal del Spectrum +2.

Tron tiene para muchos de nosotros ese sabor añejo e iluso de la infancia; la recordamos tal y como la vimos en esos tiempos, con esos ojos ilusionados que se abrian un poco más viendo las estelas de neón, toda una innovación, de esta película.

Ya lo dice la canción, al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver. Yo intenté volver a ver Tron hace un par de años, y, como suele ocurrir, todo había cambiado.

Hice la firme promesa de no volver a intentarlo jamás, y cuando supe que estaban preparando un remake me eché a temblar y juré que no sería yo el que añadiese unos eurillos a la recaudación en taquilla de semejante sacrilegio. Pero hoy tengo mis dudas… y es que acabo de ver este cartel:

¡Es Olivia Wilde, la Trece de House! ¡En Tron! ¡En 3D! Sólo faltará que nos den una cerveza y un llaverito con la forma de una placa base en miniatura a la entrada del cine para que se convierta en el espectáculo perfecto para todo buen geek de corazón puro…

Me parece que la iré a ver… ¿qué tiene de malo volver a ponerse los ojos que uno tenía con 10 o 12 años durante un rato?

Para que vayais abriendo boca, aquí va el trailer:

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¡Esclavos en oferta!

No hace tanto tiempo en lo que hoy llamamos primer mundo la carne de esclavo se vendía con la misma facilidad con la que hoy podríamos comprar un cerdo, o una gallina.  Hace menos de dos siglos en algunos lugares de la tierra se podían encontrar carteles como este…

Hoy nos parece un rumor lejano, al menos en este primer mundo que se supone que se ha quitado de encima el polvo de la brutalidad y la ignorancia.

Aunque, bien pensado, las cosas no han cambiado tanto, ¿no?

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Vuelve el Rey Sabina con Vinagre y Rosas

Cuatro años es demasiada espera para volver a tener entre las manos un nuevo disco del que probablemente sea el mejor escritor vivo que tenemos en España. Desde que allá por 1987 entrase en mi casa una cinta de cassete de Hotel, dulce hotel no he dejado de seguir las andanzas musicales de este tipo extraño, mitad caganer, mitad poeta.

Yo no creo en el poeta de los dioses. Creo, con los románticos de Jena, que el artista verdadero es el que conecta y materializa la sensibilidad de todo un pueblo, de una generación, de un momento. El que cuando coge la pluma deja salir algo que no es exactamente su voz, sino la voz del mundo hecha hombre y verso. Aquél que silban por las calles, aquél que la gente se sabe de memoria. Si no, no es poesía. Son sólo rimas. Lo grande de Sabina es que ha sabido llegar a una extraordinaria capacidad poética sin levantar el dedo del bordón del latido de la calle y del pueblo.

Ardo en deseos de poder conseguir este nuevo disco. Escucharlo. Escucharlo otra vez. Aprendérmelo de memoria, y ver qué sorpresa encierra. Averiguar si es, como espero, un peldaño en esa subida a lo más alto a la que desde “Dímelo en la calle” nos tiene acostumbrados. Ese disco supuso algo especial. No es sólo el cambio de ritmo lógico después del marichalazo, es el inicio de algo mucho más sosegado y racional. Más puro y más sincero. Hasta 19 días y 500 noches sus discos fueron cada vez más brillantes. A partir de “Dímelo…” son cada vez más serenos y más, con perdón, adultos.

Será a mediados de noviembre cuando llegue el disco completo. De momento, tendremos que ir conformándonos con este adelanto, Tiramisú de limón, el primer single de este nuevo disco, que está ya sonando a lo largo y ancho de las radios patrias e internacionales.

Todavía no se si me gusta o no… espera… voy a escucharlo otra vez a ver..

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Una semana a bordo del Grand Mistral. De Venecia a Atenas. (I). Generalidades

Hasta hace pocos meses, cuando pensaba en un crucero lo único que me venía a la cabeza era la musiquilla esa Vacaciones en el mar, Sam, el camarero negro del bigote y la típica pareja de recién casados que en todos los episodios se peleaba para después, gracias a los siempre sabios consejos del capitán Stubin, reconciliarse. No era mi idea de unas vacaciones. Pero es lo que tiene casarse, que el “yo quiero…” se convierte inmediatamente en un “bueno, venga, hacemos lo que tú dices”, eso que los expertos llaman “diálogo” y que el resto de los mortales sabemos que significa que ya ni los calzoncillos te los compras del color que tú prefieres.

No, a mí nunca se me hubiese ocurrido irme de viaje de novios a un crucero. Y sin embargo ahora, una vez pasada la experiencia, no se me ocurre una opción mejor, así que la intención de esta serie de posts es compartir con vosotros el interesantísimo viaje que vivimos por el Adriático y el Egeo a bordo del Grand Mistral del 4 al 11 de mayo de 2009, para tratar de disolver los prejuicios que hacia este tipo de viajes podáis tener y, sobre todo, como referencia para aquellos que vayan a hacer la misma ruta; siempre es útil saber de antemano lo que te vas a encontrar. Trataré de escribir lo que a mí me hubiese gustado leer antes de empezar mi viaje. Hablaremos de la vida en el barco, las normas, los precios y, sobre todo, de los puertos que visitamos, y de qué hacer en ellos sin tener que recurrir a las siempre carísimas excursiones que organiza la naviera.

Porque la principal ventaja de un crucero es que es una forma muy barata de viajar si sabes organizarte bien, te medio defiendes en inglés y le echas un poco de valor. A nosotros nos salió por algo menos de 1.000 euros por cabeza. Pero hay que tener en cuenta que el precio incluye el billete de avión de Madrid a Venecia, la estancia en el barco, la participación en las actividades que organiza la compañía para entretenerte, la comida (también incluida en el precio, en cantidades libres y calidad bastante aceptable), y el billete de avión de vuelta de Atenas a Madrid. También consideramos la opción de ir a Nueva York, o de optar a un combinado Nueva York-Riviera Maya, por aquello de la debilidad del dólar, y salía muchísimo más caro, y más caro aún si tenemos en cuenta que los 1.500 euros que nos querían cobrar por cabeza por ir a Nueva York incluían sólo el avión y el hotel. Luego, para comer te buscas la vida, y lo pagas, y si quieres ver más ciudades de los alrededores los transportes corren de tu cuenta. Viena, la otra opción que nos planteamos, nos salía tan cara como el crucero, o algo más,  pero sólo veías una ciudad. Sin embargo, el crucero te da la oportunidad de visitar seis o siete puertos, cada uno con su encanto y peculiaridades. No llegas a conocer ninguno a fondo, pero de todos puedes sacar unas pinceladas que te ayudarán a decidir si quieres volver o no a conocerlos en profundidad. En nuestro caso las escalas fueron Venecia, Dubrovnik, Corfú, Mykonos, Santorini, Heraklión, Rodas y Atenas.  A cada puerto dedicaré un post monográfico.

Imagináos lo que podría costar este viaje sin barco. Los aviones, los hoteles en cada una de las ciudades, los desplazamientos entre cada uno de los puertos, las comidas. Te costaría el triple o el cuádruple. ¿Cómo es posible que el crucero valga tan poco? La clave está en las excursiones. Cuando compras tu billete piensas que con esos 800, 1000 ó 1200 euros ya tienes todo pagado. Pero no es verdad. Cuando llegas al barco ves que te intentan vender las excursiones a realizar en cada uno de los puertos a unos 60 euros por cabeza. Puesto que casi nadie viaja solo, son 120 euros por pareja y día. Multiplicado por 8 puertos son 1.000 euros más. Ahora sí salen las cuentas. Mi impresión es que con los billetes cubren gastos, pero que los beneficios los sacan de las excursiones. De ahí la presión constante a la que te someten, desde antes de llegar al barco, para que contrates tantas como puedas.

Sinceramente, mi primera impresión de este viaje no fue nada buena. Nada más bajarnos del avión en Venecia, nos montaron en un autobús que nos llevaría al puerto en el que estaba atracado el barco. Todo el desplazamiento lo dedicaron a convencernos de que firmásemos inmediatamente el papelito de las excursiones, contratándolas todas ya, que luego es un lío, luego hay muchas colas, igual las excursiones se llenan y te quedas sin ver nada, qué vas a hacer tú sólo en Santorini, no vas a poder ver nada, cómo te vas a entender con la gente, firma, firma ya, que no se te olvide firmar, todos firman, ¿vas a ser el único que no lo hace? ¿Ya has firmado?

Y si firmas ya no hay vuelta atrás, te han cobrado un paquete de ocho excursiones que no valen ni de lejos lo que te cobran por ellas. Marketing a la americana, puro y duro. Y lo que más me desagradó no fue la insistencia en firmar, sino la cara de desesperación de los trabajadores cuando les decían que bueno, que ya lo pensarías, que ya firmarías después. No me quedó ni la más mínima duda de que estaban bajo una gran presión, cosa que también notas cuando te están intentando vender paquetes de bebidas.

En este crucero, que es de Iberocruceros, el precio incluye las comidas, pero no las bebidas. Otras compañía no incluyen ni lo uno ni lo otro, y otras, como Pullmantur, incluyen comidas y bebidas sin límite de cantidad. Lógicamente, el precio varía entre una modalidad y otra. Nosotros escogimos Iberocruceros porque llegamos a la conclusión de que el sobrecoste de 400 euros que suponía Pullmantur en la misma ruta era demasiado; no teníamos previsto beber tanto. Quizá te compense si tenéis la intención de ir por la noche a la discoteca del barco a tomar cuatro o cinco copas diarias cada uno, pero no era nuestro caso. Nuestra idea era pasarnos el día pateándonos ciudades, y las noches durmiendo como benditos.

El precio de las bebidas no es ni caro ni barato, similar a lo que puede ser el precio de cualquier bar español. Sin embargo, si quieres ahorrar un poco venden unos packs de bebidas que son bastante interesantes. Nosotros compramos uno que nos daba derecho a dos cervezas o refrescos por cabeza en la comida y otras dos en la cena. También tenían packs de 10 cócteles. Creo recordar que cada cóctel costaba cuatro o cinco euros, según de lo que fuese, y con el pack te salían a 3 euros. Con nuestro paquete de bebidas con las comidas y un talonario de cócteles tuvimos más que de sobra.

En cuanto a la comida, ninguna pega, si no eres demasiado delicado. Para desayunar puedes escoger entre ir a un restaurante, donde te sirven en la mesa, o ir a un buffet libre, igual que a la hora de la comida. Para cenar no hay bufette y tienes que ir al restaurante que te hayan asignado (hay dos, de distintas categorías y calidades, según la clase del billete que hayas comprado). Fuera de horas puedes ir a una pizzería, que está abierta casi siempre, o a una freiduría, ambas situadas en cubierta. Lo normal es volver del crucero con algunos kilos de más.

El restaurante no es a la carta, sino algo así como un menú del día. Te dan a escoger entre varios primeros, varios segundos y varios postres. Ninguno muy allá, ninguno malo. Cuando llegas al barco, te encuentras en la puerta del camarote una tarjetita que te dice cuál es tu mesa en el restaurante para cenar, y tu turno (hay dos). Siempre tendrás que sentarte en esa mesa  y siempre con la misma gente, lo que ayuda a conocerse un poco mejor y a, poco a poco, ir rompiendo el hielo.

En el próximo post tratará sobre las actividades dentro del barco.

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Juan Cruz no se entera

Leo en El Confidencial, mi segundo periódico de cabecera, justo después de andaluciainformacion.es, un pequeño resumen de una charla que Juan Cruz, director adjunto de El País, ha dado en unas jornadas de la Universidad Rey Juan Carlos hablando del futuro de la prensa.

Tengo que confesar que siento cierta simpatía por el personaje. Soy lector de su blog. Ocasional, pero lector a fin de cuentas. Y lo de hoy no sé cómo disculpárselo.

Textualmente:

Cruz confesó no ser nada partidario de los enlaces o links en internet. “No me gustan. Yo creo en el poder de la palabra y tienen que poder defenderse por sí misma”




No es que lo que dice esté mal. Es una opinión muy respetable. El problema es que no ha entendido nada de lo que es Internet y lo que significan las comunidades virtuales. No entiende lo que está pasando.

Hay unos cuantos libros en la vida de cada uno que le enseñan y marcan especialmente. Uno de los míos es La estructura de las revoluciones científicas, de Thomas Kuhn. Cuando salió a la venta revolucionó el modo en el que se estudiaba el desarrollo científico. Antes se solía pensar en él como en algo uniforme, un conjunto de conocimientos al que de vez en cuando se añadía algo. A partir de su publicación, se entendió que el proceso es más complejo, y que tiene más que ver con cambios en la mentalidad dominante, cambios profundos de valores que hacen que la realidad se evalúe de modo diferente. No es que se añada una línea más al conocimiento científico, es que, de vez en cuando, se producen cambios totales de la concepción del mundo, cambios de paradigma que dan lugar a un universo nuevo de principios y conocimientos.

Eso es lo que está ocurriendo con el surgimiento de Internet como vehículo de comunicación principal del mundo. No se trata de que las viejas ideas se muevan a través de nuevos medios técnicos. Es que las ideas que se mueven son también nuevas. Nuevos principios. Nuevas bases. Nuevos axiomas.

Precisamente esto es lo que Juan Cruz, y tanta otra gente, no está entendiendo. Por desgracia para ellos, tienen la guerra perdida de antemano.

dianso@gmail.com

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Obama entre algodones

obama-algodónNosotros, los de entonces, seguimos siendo los mismos.

Hablamos de hace cincuenta, o cien, o quinientos años, como si una zanja de mil metros nos separase de nuestros antepasados. Pero no es verdad, están ahí, y les podemos tocar con la mano. De la caída del Reino de Granada y el fin de la Reconquista hace más o menos el mismo tiempo que la duración de la vida de cinco o seis personas. Nada más. Hace la vida de una persona, 73 años, España explotó en la guerra civil que llevó a Franco al poder. Y hace la vida de dos personas comenzó la Guerra Civil Americana, que terminó de plantar las bases de lo que llegarían a ser los Estados Unidos de America.

Para la mayoría de nosotros la Guerra Civil Americana es poco más que las imágenes de Atlanta ardiendo en Lo que el viento se llevó y algunos lugares comunes sobre la abolición de la esclavitud y cómo el norte luchó a brazo partido para dar libertad a sus compatriotas negros. Son exageraciones. Ni a los ciudadanos del norte les importaban mucho los negros, ni Lincoln era un integrador convencidos.

La realidad es que durante gran parte de la guerra, lo que quiso Abraham Lincoln fue liberar a los esclavos de sus plantaciones para mandarlos a África. No para darles la opción de volver a la tierra de donde salieron, sino para deportarlos. Para él, la mezcla de razas no daba más que problemas, y había que terminar con ella. Es cierto que después cambió de opinión, pero no fue hasta bien entrada la guerra, y hasta que necesitó poner a los negros de su lado en el combate.

Y qué decir del abnegado sacrificio de los hombres del norte por dar la libertad a los negros del sur. Donde mejor podemos ver la realidad de esto es en el final de la película Gangs of New York, cuando los ciudadanos, cansados de reclutamientos forzosos, se lanzan a las calles a linchar y matar negros, culpándoles de todo lo que estaba sucediendo, de verse obligados a abandonar a sus familias para ir al combate a una guerra que el norte, una vez comprendido que sus soldados eran, a la hora de la verdad, muy inferiores a los del sur, tanto en arrojo como en formación, decidió ganar mediante el intercambio de bajas: convirtieron cada batalla en una carnicería. Puesto que el norte era superior en población, tarde o temprano el sur se quedaría sin combatientes, y perdería. De ahí los masivos reclutamientosyankees, y la derrota sudista.

Lo que ocurrió en realidad fue el choque de dos modelos económicos, uno agrícola y otro industrial, dos modelos lo suficientmente diferentes como para que no pudiesen convivir bajo la misma bandera. Cuando los caballeros del sur iban al combate, no defendían sus plantaciones, ni a sus esclavos. Muchos de ellos eran pobres, y no podían ni soñar con poseer la tierra roja de Tara. Defendían todo un modo de vida y unos valores que los hombres del norte amenazaban. Cada bando tendía un modelo de país.

Y en medio, los pobres negros, tratados como animales por unos, y temidos y odiados por los otros.

Ha pasado mucho tiempo. Hoy un negro es presidente de los Estados Unidos, como en un dulce ajuste de cuentas a una historia de explotación. Hay negros en todos los puestos de primer nivel; universitarios, empresariales, en la judicatura, en el ejército. Hay negros republicanos, y negros demócratas. Y hay negros en todos los estados. No en vano, Estados Unidos es uno de los países con una mayor movilidad de la población.

Y sin embargo… algo queda impregnado en la tierra.

Esto viene a cuento de un descubrimiento que acabo de realizar. Esta maravilla que es la blogsfera me acaba de llevar al paraíso de todo auténtico geek de corazón puro: http://strangemaps.wordpress.com/ , un blog donde nos muestran mapas que difícilmente podremos ver en otros sitios, y a un maravilloso post donde encontramos la imagen que ilustra este artículo.

Por un lado, vemos en el el resultado de las últimas presidenciales. En rojo, los condados donde venció McCain. En azul, los de Obama.

Por otro lado, vemos, en puntos, la producción de algodón en 1860.

¿No hay algo de bella poesía en la coincidencia?

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¡Cómo me gusta David Coverly!

David Coverly es un humorista gráfico estadounidense que tiene este toque especial y sutil de los grandes. Si tenéis un rato, echadle un vistazo a su trabajo aquí. Os saldrá la viñeta del día, y a la derecha un calendario por el que podréis ir navegando, viendo las de días anteriores. Esta viñeta que aquí os dejo, muy en consonancia con los tiempos empresariales que corren, os la he traducido con permiso del autor.

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Esta otra, negra y enternecedora a partes iguales, la dejo en inglés, pues se entiende de sobra, ¿no?

No, no puedes matar a un pony.

No, no puedes matar a un pony.


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Pushkin en la última playa

Hay veces que al  mundo se le abren las costuras y podemos vislumbrar ese resplandor primitivo que unos llaman dios, y otros experiencia estética. En términos de Schopenhauer, es la voluntad que se devora a sí misma. Es la puerta que cruza el chamán hacia ese estado primitivo de la mente en el que todos somos la misma cosa. Es el sueño del budista, el nirvana, que no es otra cosa que romper la rueda de las sucesivas encarnaciones para dejar de ser… para disolverse en ese gran uno primigenio como un trozo de hielo al sol en el desierto.

Puede que haya razones lógicas que justifiquen la existencia del arte (económicas, por ejemplo) pero para lo que no las hay es para la experiencia estética, ese algo que uno siente cuando de verdad atraviesa la puerta dimensional que es la obra artística. Ese algo está más allá de toda argumentación, y quien lo ha sentido lo sabe.

Y probablemente no sea más que la reacción de ciertas capas primitivas de nuestro cerebro a determinados estímulos visuales o auditivos, pero lo cierto es que la historia vital de casi todos, o al menos de casi todos los que son capaces de abrir su mente hacia la percepción artística, está surcada por pequeños hallazgos que conectan especialmente con nuestra sensibilidad artística concreta y nos acompañan para siempre.

En mi caso, en música, por ejemplo, desde que lo descubrí no puedo separarme del Slow Waltz and Ending, del disco Three Voices For Joan La Barbara de Morton Feldman. Lo recomendaría si no fuese porque este tipo de conexiones espirituales son tan específicas de uno mismo y sus configuraciones neuronales que lo que a uno sube a una nube para otro puede no ser más que un cúmulo de ruidos inconexos. Y más en la música, que probablemente sea el tipo de arte que más directo penetra en nuestra mente sin pasar por el tamiz de la razón. Es suspensión estética en vena.

Es más fácil compartir las conexiones literarias. Las interminables y aburridas tardes del verano de 1997 me dejaron en herencia un libro, el Curso de literatura rusa de Nabokov. Es la recopilación de los apuntes de las clases que dio el autor de Lolita a mediados del siglo pasado en Estados Unidos. Uno va pasando las páginas, leyendo, comprendiendo, disfrutando, y, de pronto, una luz: cerrando una de las lecciones, un poemita de Pushkin, como quien no quiere la cosa.

Traducir un poema es siempre una forma de profanación, pero el ruso está bastante más allá de las posibilidades de la mayoría de los mortales. Así que ahí va en inglés, según traducción del propio Nabokov (unas líneas después dejaré algo parecido a una traducción al castellano):

I value little those much vaunted rights
that have for some the lure of dizzy heights;
I do not fret because the gods refuse
to let me wrangle over revenues,
or thwart the wars of kings; and ’tis to me
of no concern whether the press be free
to dupe poor oafs or whether censors cramp
the current fancies of some scribbling scamp.
These things are words, words, words. My spirit fights
for deeper Liberty, for better rights.
Whom shall we serve—the people or the State?
The poet does not care—so let them wait.
To give account to none, to be one’s own
vassal and lord, to please oneself alone,
to bend neither one’s neck, nor inner schemes,
nor conscience to obtain some thing that seems
power but is a flunkey’s coat; to stroll
in one’s own wake, admiring the divine
beauties of Nature and to feel one’s soul
melt in the glow of man’s inspired design
—that is the blessing, those are the rights!


La traducción al castellano que dejo aquí es la del traductor al español del Curso de literatura rusa. Si traducir un poema es una traición, traducir la traducción podría merecer la pena capital. Pero al menos ayuda a entender el mensaje, aunque el resultado no sea nada poético:


Poco estimo esos tan cacareados derechos que tienen para otros el señuelo de las altas cumbres, ni me preocupa que los dioses no me hayan concedido pelearme por una renta, o torcer las guerras de los reyes, ni me preocupa que la prensa sea libre para engañar a los simples o que el censor estorbe las fantasías en curso de un tunante de la pluma. Todo eso son palbras, palabras, palabras. Mi espíritu lucha por otra Libertad más profunda, por otros derechos mejores. ¿A quién debemos servir, al pueblo o al Estado? Al poeta no le importa. No rendir cuentas a nadie, ser el propio señor, y el propio vasallo, y sólo a mí mismo complacer, no doblegar ni la testuz ni el proyecto interior, ni la conciencia, a cambio de lo que parece poder pero no es más que librea de lacayo. Seguir tranquilo la propia senda, admirando las bellezas divinas de la naturaleza, y sentir cómo el alma se derrite al calor del designio inspirado del hombre. ¡Esa es la bendición, esos son los derechos!


Y quizá ya no firmaría este poema letra a letra, como cuando lo leí (uno se hace viejo, y cambia su forma de ver las cosas), pero nunca ha dejado de tener un poderosísimo influjo sobre mí, y por si a alguien más le puede aportar algo, con vosotros lo comparto.


¡Buen provecho!

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Y Obama se la llevó al río…

obamazapateroNo me malinterpreten. Yo creo que la presidencia de Obama supone una oportunidad histórica para torcer la política internacional hacia planteamientos que comprendan mejor que todos nos necesitamos a todos, que ningún país puede subirse a su torre de marfil y dirigir desde ahí el destino del mundo. Y no porque sea éticamente incorrecto, es que, simplemente, ese tipo de planteamientos ya no pueden ser efectivos.  

La globalización no consiste únicamente en que la gente vaya a comer al McDonalds en vez de hacerse un salmorejo o en que las multinacionales exploten a un pobre minero de sudáfrica (todos sabemos que en el mundo pre-globalización reinaba una deliciosa paz bucólico-pastoril en las aldeas y las fábricas y minas del mundo eran el paraíso obrero), sino que este logarítmico aumento de las interconexiones mundiales (eso es realmente la globalización) significa también que el que un hombre sea infeliz en una remota aldea de Pakistán puede convertirse, con muchísima más facilidad que antes, en un coche bomba en la Quinta Avenida. Ahora más que nunca, todos necesitamos estar en paz con todos. Parece que Obama comprende este nuevo universo social dospuntocero, y si está dispuesto a ir en esa dirección, todos debemos remar con él…

…pero, ¿es imprescindible que cada vez que un presidente del gobierno español coincida con uno de Estados Unidos adopte el papel de fiel escudero enamorado? Porque lo de Aznar con Bush fue de nota, pero en esta foto de EFE parece que Zapatero esté preguntándose nervioso si esa mañana se había acordado de ponerse desodorante y calzoncillos limpios.

Aliado, y aliado enamorado. 

Por cierto, esta foto ha sido también portada de El País de hoy. Será por aquello de dar una de cal, y otra de arena…

Tampoco tiene desperdicio la viñeta de Fontdevilla de hoy en Público:

06-abril-09blog

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